
Puerto Rico
The Island and BeyondSpring 2008
Carta de un Artista Lector
Antonio Martorell
Querida June:
Gracias por el nuevo número de la revista titulado Violence A Daily Threat. Esta es de un modo literal Re-vista. Nos hacen — tus colaboradores y tú — ejercer la re-vista, el mirar con detenimiento aquello que ya hemos visto en nuestros países, pero que por ser una dolorosa y amenazante realidad en muchas ocasiones nos negamos a ver, retiramos la mirada y con ella también nuestra conciencia.
Repasando la odisea del dolor que supone un viaje por la violencia vista y re-vista de nuestro descontento continente, los secuestros, violaciones, asesinatos, heridas y amputaciones, asaltos y a saltos nos percatamos de que el llamado progreso ha sido aparcelado dejando fuera enormes mayorías donde se fermenta la injusticia y se incuba la violencia. Toda violencia es política teniendo como origen y destino la comunidad sobre todo cuando ella no se percibe a sí misma como una entidad coherente y responsable, autora de la narrativa de su precaria existencia.
La violencia contra la mujer en el hogar y el empleo, contra homosexuales, lesbianas y transexuales, contra menores de edad se suma a la ejercida por militares y paramilitares, opresores e insurgentes y el saldo de resentimientos y venganzas, de odios y represalias que generan.
Alienta enterarse de que no todas son malas noticias, que hay esfuerzos y logros notables por transformar el rostro del maltrato dejando atrás el rastro de la miseria humana para convertirlo en camino de paz, reconciliación y justicia. Es importante hacer hincapié en que esto también es noticia para compensar el irresponsable y alarmista proceder de los medios de comunicación señalado por Benjamín Fernández.
Contestando a tu gentil invitación para diseñar la portada del número dedicado a Puerto Rico, que es donde el lector revisará estas palabras, decidí que la imagen titular fuera un perfil que conversara con la frontalidad semioculta de la lacerada mujer de la portada anterior. En cierto modo sería, sino la otra cara de la moneda, sí su perfil ensombrecido.
Para ello recurrí al envejecido emblema del jíbaro que protagonizó la Operación Manos a la Obra (Operation Bootstrap) a mediados del siglo pasado. Si bien el perfil ensombrerado de paja cara al sol remitía a la ruralía y a la tradición, en el programa de gobierno ese mismo perfil le dio el frente a la industria de manufactura, servicios y turismo y la espalda a la agricultura.
Los trabajadores agrícolas ya desde principios de siglo fueron llevados por programas gubernamentales de emigración laboral a destinos tan distantes como Hawaii o tan cercanos como la Florida y el avión símbolo del turismo se tradujo en guagua áerea de ida y vuelta cuyo boleto migratorio con pasaporte estadounidense pasa de generación en generación.
No sin un altísimo precio. El salto fue mortal, no sólo el trasatlántico sino el repentino y brusco cambio de estructuras sociales, económicas, culturales, religiosas y lingüísticas en una pequeña y rural isla caribeña e hispano parlante ahora cegada por las luces intermitentes de hoteles, casinos y bares, inundada por un floreciente narcotráfico con las consiguientes luchas territoriales, el desmembramiento de hogares y vecindarios, la agonía y muerte de idearios comunitarios y la postergada soberanía para regir su propio destino subordinado por más de un siglo a la autoridad metropolitana con sede en Washington, D.C. Y con ello el Servicio Militar Obligatorio por décadas y ahora voluntario con el enorme saldo de muertes en guerras de ultramar.
La hospitalidad y bienvenida tradicional boricua se traduce en esta portada en well come, un pozo (well) donde se extrae lo que se quiere y puede y un hambre (come) insaciable de productos de consumo al cual se está habituado, adicto más bien. Si el perfil que dibujo no es halagador, es porque pretende reflejar una realidad más que inquietante, amenazante.
Mi propio hogar dentro del Recinto de Cayey de la Universidad de Puerto Rico fue incendiado la tarde del domingo del fin de semana de Acción de Gracias hace poco más de un año. El fuego fue provocado por cuatro adolescentes de quince y dieciseis años que robaron un tocadiscos y una videocasetera antes de prenderle fuego a la casa. Obras de arte y artesanías, libros, documentos y fotografías se convirtieron en cenizas demostrando que no hay sistema de seguridad, alarma ni vigilancia capáz de subsanar el deterioro de una sociedad enferma y en peligro de muerte. Sólo transformando la realidad, alimentándola con valientes e imaginativas iniciativas como algunas de las que ilustran la Revista anterior puede ejercerse el cambio necesario.
A partir del incendio y aprendiendo de la estética del fuego, su huella oscura y cálida utilicé carbón, humo, fuego, cenizas y agua sobre papel y madera creando una exposición titulada Martorell D.F., (después del fuego) con la esperanza de apuntar a lo positivo desde la desgracia, hacer de la desgracia gracia eliminando el des empobrecedor y negativo. Un espectáculo concebido por la teatrera Rosa Luisa Márquez titulado Cenizas quedan reunió en torno a las ruinas de la casa incendiada a artistas de teatro, danza, música, artes visuales y literatura a celebrar un renacer desde las cenizas.
La reacción solidaria de nuestro pueblo no se hizo esperar. Sintieron y así lo expresaron la necesidad de superar y trascender nuestros males. Si el perfil carbonizado del jíbaro puertorriqueño que abre estas páginas mira hacia adelante, si logra hacer re-vista de su realidad, también puede transformarla.
Antonio Martorell, the artist who drew this ReVista’s cover, is the Wilbur Marvin Visiting Fellow at the David Rockefeller Center for Latin American Studies. A translation of this essay can be found at http://www.drclas. harvard.edu.