
Mexico in Transition
Fall 2001El Intelectual Mexicano
Ciencia y TraiciónJuan EnrÃquez

Algo que abunda
en México son intelectuales. El paÃs produce algunos de
los más destacados escritores, poetas, músicos, pintores
e historiadores del mundo. Las reseñas históricas de Enrique
Krauze, las obras de Carlos Fuentes y de Octavio Paz, las óperas
de Plácido Domingo y las pinturas de Toledo alegran a la vida.
Cada uno de ellos, y otros tantos miles de intelectuales mexicanos,
merecen toda mi admiración. Pero nuestra clase intelectual ha
ignorado casi por completo la ciencia y tecnologÃa. Permanecer
analfabeta en uno de los idiomas dominantes en el mundo, equivale a
una doble traición: a los principios que conducen a los seres
humanos hacia el conocimiento, y a la confianza depositada en sus habilidades
para transmitir una enseñanza a su paÃs. La democracia,
el desarrollo y el cambio social no son posibles sin estos componentes
del conocimiento.
La belleza alimenta el alma, pero gran parte de México sigue
siendo pobre. Hay hambre debido a la ausencia de los elementos necesarios
para construir una economÃa moderna. En conferencias como la
de la Asociación de Estudios Latinoamericanos, miles de personas
brillantes se reúnen a discutir cualquier tema imaginable...
pero no la ciencia y tecnologÃa. No intento sugerir que todo
intelectual deba enconcharse en un laboratorio. Pero por lo menos algunos
si, y al resto le corresponde apoyar mucho más a aquellos que
siguen este camino.
Hace dos siglos un intelectuales leÃa el latÃn y el griego;
hace un siglo francés y alemán; después el inglés
se hizo sine qua non. Los intelectuales deben ser los primeros en crear,
comprender, debatir, y transmitir un nuevo lenguaje dominante. En la
actualidad, el idioma dominante es el digital; mañana va a ser
la genética.
Una clase intelectual marginada de las revoluciones digital y genética
puede contribuir a preservar el pasado, pero enfrentará muchos
problemas para construir el futuro. En 1960, cuando la producción
mundial era un tercio agricultura, un tercio industria, y un tercio
servicios y producción de conocimientos, el analfabetismo cientÃfico
no constituÃan un error fatal para un paÃs. ExistÃan
otros caminos para sobrevivir. Esto ya no es cierto. Hoy dos terceras
partes del valor de la economÃa global proviene de los servicios
y la generación de conocimiento.
Los paÃses que no generan conocimiento cientÃfico son
crecientemente irrelevantes. Sin embargo, los intelectuales de México
han abdicado casi cualquier interés, preocupación o apoyo
para la ciencia y por sus practicantes. Esto no ha sucedido con la clase
intelectual en los Estados Unidos, Gran Bretaña, Taiwán
o Singapur, en donde los ganadores de premios Nobel en fÃsica,
quÃmica, medicina, y los inventores de múltiples patentes,
cientÃficos aeronáuticos e investigadores en genética
son ampliamente leÃdos, admirados y citados.Hace mucho, mucho
tiempo...
Es patético que México no tenga una ventaja significativa
en la construcción de una economÃa sustentada en el conocimiento.
La base intelectual existÃa. Basta con visitar Chichen Itzá
el dÃa del equinoccio para comprender la sofisticación
de la astronomÃa, las matemáticas y la arquitectura maya.
Lo mismo es cierto para el caso de los canales y sistemas de drenaje
de Tenochtitlán. Incluso durante la época mas violenta
de la conquista española, idealistas intentaban construir nuevos
centros de conocimiento. Los franciscanos establecieron el primer colegio
para indÃgenas en 1536 (Santa Cruz de Tlatelolco), donde se enseñaba
lógica, aritmética, geometrÃa, astronomÃa
y medicina. La Universidad de México abrió sus puertas
83 años antes que Harvard. La primera imprenta en la Ciudad de
México funcionaba 99 años antes que su contra parte Norteamericana.
Al finalizar el periodo Colonial, más de 15,000 libros en español
y en nueve diferentes lenguas indÃgenas, algunos con tirajes
de más de mil copias, llenaban estantes de librerÃas en
todo el mundo.
Al igual que una gran parte de la historia Colonial, la contribución
de México a la vida intelectual europea ha sido enterrada. Se
mantiene un tufo de desagrado general por todo aquello perteneciente
al Virreinato. (Enrique Krauze señala que no existe en la Ciudad
de México estatua alguna de uno de los 63 virreyes españoles
que gobernaron al paÃs). No obstante, muchos de los trabajos
e ideas filosóficas de la época competÃan con los
productos Europeos. Por ejemplo, Fray Bartolomé de Las Casas
cruzó el Atlántico ocho veces con el propósito
de lograr que los indÃgenas fueran reconocidos como seres humanos.
En el proceso, ayudó a establecer una escuela legal y de derechos
humanos internacionales que culminó con los trabajos del gran
jesuita español Francisco Suárez.
Sin embargo, mientras que la Ilustración rondaba en toda Europa
modificando la forma de pensar de las personas, España y sus
colonias se aislaban cada vez más. Fuera de la iniciativa de
Carlos III, hubo pocos intentos para reformar la curricula educativa.
Mientras la productividad angloamericana incrementaba, España
continuaba exportando aceite de oliva, vino, brandy, harina y frutas
secas a sus colonias. En tanto que la Gran Bretaña incrementaba
sus exportaciones textiles, los productores tradicionales de algodón
de la América española se fueron a la quiebra. Quito exportaba
440 pacas de algodón en 1768 y solamente 157 en 1788. En lugar
de enfocarse en mejorar la tecnologÃa de su imperio, los reyes
de España ordenaron que todas las fábricas coloniales
fueran destruidas en un intento desesperado por proteger a sus decadentes
ciudades industriales. (El 28 de noviembre de 1800, un decreto real
prohibió la existencia de fábricas en las Américas).
Para el año de 1805, el algodón de la Gran Bretaña
dominaba los mercados, España empobrecÃa y las rebeliones
se incrementaban en las colonias españolas.Libertad... a un Alto
Costo.
Fueron escasos los intelectuales que encabezaron los movimientos de
independencia en América Latina. Pero los grandes caudillos si
se inspiraron en parte en las ideas de cientÃficos. Parte del
Ãmpetu de Simón BolÃvar por regresar a su tierra
natal se encuentra en sus pláticas con Humboldt. Domingo Sarmiento
se inspiro con la autobiografÃa de BenjamÃn Franklin.
La Sociedad Patriótica del General San MartÃn tenÃa
entre sus filas a médicos.
Desafortunadamente este Ãmpetu fue en gran parte sepultado: primero
bajo la sistemática represión española de intelectuales
criollos y después bajo la presión de mantener unidos
a vastos paÃses nuevos.
A pesar de la constante confusión, incertidumbre y violencia,
seguÃa sobreviviendo un poco de fe en la ciencia y educación.
En México, Benito Juárez demostró qué tan
lejos puede llegar un indÃgena pobre con una educación
decente. En 1883-84 José Martà estaba a cargo de Las Américas,
donde se publicaban artÃculos como: ?innovaciones recientes
- quinientas nuevas patentes?, ?la máquina telegráfica
más novedosa?, y ?el freno eléctrico, un invento
curioso?. Martà concluyó que el camino a la riqueza
y la grandeza se encontraba en ?cultivar la quÃmica y la
agricultura?.
Aunque algunos lÃderes mexicanos entendieron la importancia de
adoptar nuevas tecnologÃas, poco hicieron para desarrollar el
ethos requerido para hacerlas crecer en casa. El gobierno mexicano comenzó
a instalar alumbrado eléctrico en 1881; contrato compañÃas
como Western Electric y Siemens&Halske. Pero solo fundo la primera
cátedra de ingenierÃa eléctrica a fines de los
1880s. Por eso adoptar nuevas tecnologÃas implicaba importar
legiones de trabajadores extranjeros. Cementos Hidalgo dependÃa
de los italianos importados de los Estados Unidos. Los franceses dominaban
la CompañÃa Mexicana de Dinamita y Explosivos S.A. Vidriera
Monterrey requerÃa americanos de Owens and Libbey. (Sin embargo,
esta última compañÃa da una pista de lo que pudo
haber pasado si México hubiera educado mejor a los directivos
de sus propias compañÃas; el director general de Vidriera
Monterrey era Roberto G. Sada, graduado de MIT, quien ayudó a
establecer la dinastÃa corporativa más poderosa de México).
El legado del Porfiriato fue el peor de todos los mundos; marginó
a tanta gente en nombre de métodos modernos y cientÃficos
que el paÃs explotó. Llamarse un ?cientÃfico?
en el México posrevolucionario era exponerse a la rabia popular.
Por tanto los más brillantes inundaron áreas como análisis
polÃtico, historia, música, prosa, pintura y poesÃa.
Esta tendencia sobrevive hoy en dÃa.
La intelligentsia hoy
Cuatro años antes del levantamiento zapatista, el gobernador
de Chiapas utilizó parte de su magro presupuesto para reunir
a la clase intelectual de su estado con la de Centroamérica.
Ciertamente generar nuevas ideas y planteamientos era importante; la
mayor parte de las personas de esta región vivÃan en la
pobreza, se enfrentaban diariamente a condiciones de inseguridad, y
recibÃan una educación mÃnima. Sin embargo, la
reunión auspiciada por el gobernador González Garrido
no abordo asuntos como la biotecnologÃa agrÃcola, la informática
o la economÃa del conocimiento. Los temas cubiertos fueron: literatura,
teatro, música, danza, pintura y escultura. Esta agenda pasaba
por alto que los mayas que vivieron en estas regiones también
fueron, alguna vez, grandes matemáticos, astrónomos, médicos
y botánicos. ExistÃa, y existe, un absoluto divorcio entre
la clase intelectual local, el bienestar económico-cientÃfico
de la población, y la historia intelectual de la región.
Chiapas, México y gran parte de América Latina sufren
de amnesia intelectual. Los mayas utilizaron el ?cero? antes
que los europeos y crearon calendarios celestes precisos. Siglos después,
aún existÃa alguna esperanza de un renacimiento de lo
que alguna vez fueron tradiciones intelectuales singulares. Chiapas,
por ejemplo, se mantuvo como parte de la CapitanÃa General de
Guatemala en el momento de la Independencia y finalmente decidió
unirse a México luego de un agrio debate en 1821. Las crónicas
legislativas muestran que una justificación clave para unirse
a México fue la ciencia: ?Guatemala jamás ha dado
a su provincia ciencia, ni industria, ni algún otro servicio,
sino que lo ha visto con indiferencia?.
La pobreza y retraso de Chiapas no es caso excepcional. América
Latina en su conjunto es mayoritariamente irrelevante en el contexto
de una economÃa global dominada y conducida por la ciencia y
el conocimiento. En 1985 La Enciclopedia Británica de Latinoamérica
y El Caribe dedicó 140 páginas a la turbulenta historia
de América Latina, 91 a su riqueza cultura, y ocho hojas a su
penosa ciencia y tecnologÃa. Dentro de los cientos de páginas
dedicadas a El Curso de la Historia Mexicana, no existe encabezado,
o incluso mención en el Ãndice, respecto a la tecnologÃa;
la ciencia en México ocupa seis páginas, cinco de las
cuales hacen referencia al periodo previo a la Independencia. El futuro
se encuentra en el pasado...
En la medida que el avance tecnológico se acelera en todo el
mundo, es cada vez más fácil quedarse rezagado. Aquellos
que malinterpretan o ignoran una tecnologÃa clave o un cambio
en los mercados, pueden a enfrentarse a una situación de bancarrota.
Basta con observar los casos de Lucent, Wang o Xerox. Para sobrevivir,
paÃses y gobiernos deben estar al tanto de la tecnologÃa.
Ello requiere de un enfoque claro en el analfabetismo cientÃfico
por parte de la intelligentsia. Desafortunadamente, estos temas raramente
se discuten en la agenda de México, y el paÃs continua
de crisis tras crisis a pesar de la instrumentación de innumerables
reformas económicas durante tres décadas.
Enrique Krauze comienza su libro México: BiografÃa del
Poder con una cita que refleja por qué el paÃs mantiene
su fortaleza luego de siglos de violencia y colapso económico,
pero que también refleja la razón por que le es tan difÃcil
a México enfrentar el futuro:
La historia permanece en México. Nadie ha muerto aquÃ,
a pesar de los asesinatos y las ejecuciones. Están vivos ?Cuauhtémoc,
Cortés, Maximiliano, Don Porfirio y todos los conquistadores
y todos los conquistados. Ãsa es la cualidad especial de México.
Todo el pasado es un presente que late. No ha desaparecido, se ha detenido
en seco.
Los paÃses exitosos logran recordar su pasado sin dejar de construir
su futuro. En 1975, un trabajador de fábrica coreano ganaba alrededor
de una quinta parte de lo que percibÃa su contra parte mexicano.
Pero muchos de los lÃderes, estudiantes e intelectuales de Corea
se abocaron a la comprensión, uso y aplicación de la tecnologÃa.
Para 1999, las patentes coreanas se habÃan incrementado en 27,260%,
mientras que en México éstas aumentaron 115%.
En general, es el entendimiento, uso y aplicación de la ciencia
lo que crea las nuevas corporaciones de miles de millones de dólares,
permite pagar salarios más altos y saca de la pobreza a paÃses
como Finlandia, Singapur, Corea o Taiwán. No obstante, sólo
pocos mexicanos saben que la ?revolución verde? se
gestó en el estado de Morelos, y a pesar de haber ganado el premio
Nobel, son pocos los mexicanos que identifican a Norman Borlaug.
El papel de una clase intelectual subsidiada por una sociedad pobre
debe ser, al menos en parte, interpretar, desarrollar y transmitir conocimiento
esencial y clave. México debe continuar apoyando y reconociendo
a los grandes historiadores, músicos, pintores, poetas y escritores.
Pero hay un gran vacÃo, según el IMPI, durante 1999 se
otorgaron 3,899 patentes en México: la UNAM recibió una,
el ITAM, la Anahuac, y la Ibero ninguna. La intelligentsia en su conjunto
debe despertar y fomentar el desarrollo de la ciencia y la tecnologÃa.
No hacerlo es traicionar sus orÃgenes y principios históricos.
Juan EnrÃquez es director del Life Science Project en la Harvard Business School y es autor de El Reto de México: TecnologÃa y Fronteras en el Siglo XXI y del libro de próxima publicación As the Future Catches You ?How genomics and other forces are changing your life, work, health and wealth. Es además miembro del Consejo Asesor de la DRCLAS.