
Cityscapes
Latin America and BeyondWinter 2003
Archipelagos of Wealth and Poverty
Mariela Marino
INTRODUCCIÓN
La ciudad es una realidad cambiante. Buenos Aires y su Ár ea Metropolitana –tomadas en su conjunto- conforman un conglomerado cambiante. Sin transformaciones, la ciudad moderna pierde sentido. Pero la ciudad no cambia caprichosamente sino que lo hace muchas veces forzada por las circunstancias coyunturales. (Fig. 1)
Los múltiples cambios económicos, políticos y sociales de la última década -de los cuales podemos subrayar la disminución de la presencia del Estado en cuestiones básicas- han repercutido en toda la sociedad, pero en particular en los dos extremos de la escala social: los pobres y los ricos. Lo que estos procesos han hecho es acentuar ciertos estilos de vida que han modificado –en términos cuantitativos y cualitativos- la conformación demográfica, el paisaje urbano y las funciones urbanas pre-existentes de toda el área metropolitana de Buenos Aires.
CONSIDERACIONES SOBRE EL MODELO URBANO
La ciudad de Buenos Aires y su área metropolitana se han caracterizado históricamente por su desarrollo en cuadrícula. Este modelo urbano que podríamos denominar inclusivo e infinito -que fue muy bien explicado por Adrián Gorelik en su libro “La Grilla y el Parque”- ha respondido al crecimiento en cuadrícula de la ciudad desde su fundación allá por 1580. Desde ese momento se generó así una “ciudad de barrios infinitos, de micromundos desparramados por la cuadrícula interminable”. Los que fueron los bordes de la primera ciudad, cobraron así autonomía barrial. Y a partir de dicha autonomía, la identidad: el fútbol en cada barrio, los cafés en las esquinas, las compras cotidianas, los juegos en veredas y plazas y las diversas festividades locales que acompañaron el surgimiento de las clases medias.
Esta trama inclusiva e infinita actualmente ya no sirve para caracterizar a la ciudad en su conjunto. Existen otros dos modelos urbanos presentes mayormente en el Gran Buenos Aires en los cuales se desarrollan dos estilos de vida completamente disímiles en cuanto a formas de sociabilidad y al acceso a bienes y servicios: las villas de emergencia y las urbanizaciones cerrada. (Fig. 2). No obstante, estas diferencias nos pueden hacer perder de vista un denominador común: ambos son polos extremos de segregación del conjunto urbano, espacios de exclusión, incluso, a veces, de una auto-exclusión no siempre deseada.
Nuestro enfoque se ha centrado en la ciudad, su forma y los comportamientos asociados con ella. De ahí que las semejanzas entre ambos modelos de segregación urbana se basan en consideraciones hechas desde el punto de vista urbanístico así como también desde el punto de vista social. Ambos modelos conforman ámbitos cerrados, rompen con la trama urbana, privatizan espacios públicos, discontinúan el medio circundante y alteran las relaciones humanas tradicionales de una ciudad abierta.
LAS VILLAS DE EMERGENCIA: AYER Y HOY
Luego del gran impacto de la crisis económica de 1929, que causó caídas importantes en las exportaciones y un considerable aumento de la desocupación, la situación comenzó a revertirse lentamente. A partir de 1933 hubo una inflexión en el proceso: para la industria fue el momento de un crecimiento más ordenado que implicó la radicación de muchas firmas nuevas, nacionales y extranjeras.
Al tiempo que crecía el sector industrial, cayó la desocupación hasta prevalecer el pleno empleo.
Con algunos altibajos el crecimiento industrial se mantuvo durante algunas décadas. Enormes masas de trabajadores de todo el país vinieron a instalarse en la ciudad capital por las oportunidades que ofrecía en materia de oferta laboral en contraposición a la falta de trabajo en sus regiones de origen.
Hacia la década del '50 apareció un nuevo fenómeno urbano y social: el de las "villas miseria o villas de emergencia" como una solución alternativa, espontánea e informal a la falta de viviendas que trajo aparejado ese proceso vertiginoso. Fueron estos asentamientos precarios e insalubres en los que la ilusión de lograr mejoras paulatinas se esfumaba para dar lugar a una vida de calidad cada vez más degradada.
En los años ’70 y ’80 las villas miseria continuaron creciendo, más por el derrumbe de las economías regionales que por el auge de la gran ciudad. Es en estos años, por otra parte, cuando se practican algunas políticas destinadas a encontrar solución a los asentamientos precarios. Ciertamente, la alternativa más extrema fue la erradicación y relocación forzosa intentada por el régimen militar entre 1976 y 1983.
Lejos de disminuir, los asentamientos precarios siguieron siendo una realidad cada vez más afirmada en la Buenos Aires de los años ’90, aunque el aislamiento de estas “islas” marginales es aún más notable porque ahora colindan con “archipiélagos” de riqueza: los emprendimientos privados, a veces de proporciones descomunales, dirigidos a los grandes ganadores de estos años de crecimiento económico: los estratos altos y medio-altos de la población.
Las características urbano-morfológicas y sociales de esos asentamientos urbanos precarios se han mantenido en lo esencial a través de estos últimos treinta años. Se pueden citar los siguientes rasgos generales: (Fig. 3).
Son enclaves urbanos que rompen con la trama urbana. La cuadrícula tradicional trazada geométricamente por los españoles y continuada a lo largo de la historia se interrumpe.
Son recintos que, en su mayoría, ocupan más de una manzana, apropiándose, en muchos casos, de espacios públicos en general dando una ruptura visual del barrio.
La seguridad de sus moradores depende de frágiles y tácitos códigos internos de convivencia. La seguridad pública no accede a estos recintos.
Las casillas se construyen unas pegadas a las otras originando un verdadero cerco o límite, real o virtual, a partir del cual, aquel que es ajeno a ese lugar de residencia, no tiene casi ninguna posibilidad de acceso. No obstante, el sentido de pertenencia no es fuerte en todos los habitantes ya que muchos no construyen allí su identidad.
Las circulaciones internas son casi laberínticas, particularidad que les da un toque de cierta "exclusividad".
Se trata de un medio ambiente degradado en términos de polución y condiciones sanitarias. La naturaleza, el verde, están presentes pero con características totalmente insalubres.
Están habitadas por personas con un homogéneo nivel socioeconómico, pero no así cultural, coexistiendo en un mismo espacio diferentes intereses personales y cosmovisiones de la vida. Allí se pueden encontrar tres tipos de perfiles: trabajadores humildes pero honestos, vagos o quienes viven de “changas” y ladrones o delincuentes.
Se levantan sobre tierras fiscales o privadas y, en sus comienzos, carecieron de los más elementales servicios públicos. Actualmente están provistos de servicios básicos y a algunos se les abren calles.
URBANIZACIONES CERRADAS: ORÍGENES, EVOLUCIÓN, TIPOS
El primer antecedente de la casa de fin de semana se remonta a la época de la colonia cuando barrios como Belgrano, Flores o San Isidro eran elegidos para construir grandes casonas destinadas para tal fin. Un hecho grave, como fue la epidemia de fiebre amarilla en 1871, reforzó una idea ya en boga sobre el papel benéfico de los espacios verdes en la salud física como mental de la población. Muchas familias optaron por dejar sus viviendas del centro para irse hacia zonas más en contacto con la naturaleza.
Ya en el siglo XX, la creación o extensión de algunos medios y sistemas de transporte dieron un renovado auge a las viviendas de fines de semana. Así, por ejemplo, la construcción de la Autopista Acceso Norte en la década del '70, fomentó la radicación de quintas de fin de semana para la gente con mejores ingresos en las aún despobladas zonas del norte del Gran Buenos Aires. (Fig. 5).
Problemas ocasionados por la inseguridad que comenzaba a crecer en esos años, la necesidad de incorporar actividades deportivas, la búsqueda de mayor estatus social y de acceso a servicios cada vez más exclusivos, redundaron en la transformación de la "quinta" en lo que se llamó club de campo o "country" . Este surgió y se desarrolló siguiendo los pasos de su antecesora norteamericana: la "gated community".
La difícil situación económica de los '80 también repercutió negativamente en los propietarios de viviendas en los "countries". El aumento del costo de vida y la pérdida del poder adquisitivo de la moneda producido por la inflación significó para muchos la imposibilidad real de sostener económicamente dos viviendas al mismo tiempo. Así, muchas familias optaron por establecer su residencia permanente en el "country" deshaciéndose de su vivienda urbana. El cambio en el patrón de residencia, trajo un mayor desarrollo de áreas comerciales y administrativas alrededor de las nuevas áreas de residencia permanente.
Surgió, a partir de los '90 el "boom" inmobiliario de otra figura: el barrio cerrado. Este vino a satisfacer la demanda de una población acomodada pero incapaz de afrontar los costos económicos y sociales de un "country". Se los dotó de ciertos servicios comunes, áreas deportivas y culturales de menor envergadura que los de los "countries". Como variante también apareció el "club de chacras", alimentando las fantasías de los amantes del paisaje y vida rurales, privatizando y dividiendo la pampa infinita en enormes lotes con dimensión de pequeños campos.
Hacia el fin de esa década surgieron los “megaemprendimientos” como respuesta a la demanda de mayor vida urbana por parte de los potenciales residentes. Allí se tiene la opción de realizar una serie de gestiones cotidianas sin salir de los límites de lo que ahora es un "pueblo" o incluso una "ciudad" privada. Dentro de la "ciudad privada" se recrea territorialmente la sociedad ideal que puebla el imaginario de quienes comandan estos emprendimientos (y eventualmente de quienes los habitan). Una sociedad netamente dividida por poder adquisitivo en distintos "barrios", donde cada vecino vive próximo a sus pares en cuanto a ingresos. El núcleo de cada barrio es el club deportivo o "club house" donde cada uno puede sociabilizarse con sus vecinos de barrio pero no con vecinos de barrios más pudientes. La "ciudad privada" refleja la ilusión, a veces obsesiva, de las clases pudientes por diferenciar claramente los espacios y ámbitos de encuentro de distintos grupos sociales.
Enunciaremos unas características propias de estos emprendimientos cerrados siguiendo el lineamiento que hemos usado en el caso de las villas de emergencia. (Fig. 4).
Son enclaves urbanos que rompen con la trama urbana tradicional.
En su mayoría ocupan más de una manzana apropiándose de espacios públicos en general y dando lugar a una ruptura visual del paisaje urbano.
En ellos se da prioridad a la seguridad de sus moradores, con límites materializados claramente para la entrada de visitantes y, a veces, para la incorporación de nuevos vecinos. Implicitamente los que quedan dentro de la muralla son ganadores, dejando como perdedores a los que quedan afuera.
Tienen un límite perfectamente explícito, materializado con muros o cercos, a partir del cual no tiene posibilidad de acceso cualquier persona. Se desarrolla un sentido de pertenencia que, al tiempo que subraya la identidad de los vecinos, también pone de manifiesto las diferencias con los otros, es decir con los de afuera.
Las circulaciones internas son casi laberínticas, lo cual le da al lugar un toque de "exclusividad". Muchas calles terminan en “cul de sacs” otorgando al sitio una mayor privacidad. (Fig. 6).
Tienen acceso a tantos servicios como el "target" de usuarios esté dispuesto a pagar.
Tienen una particular relación con la naturaleza, otorgándole a ella un lugar fundamental como sinónimo de calidad de vida.
Están habitados por personas con un homogéneo nivel socio-económico, con intereses y cosmovisiones de la vida en las que coinciden o al menos las respetan.
Están sujetos a la Ley de la Provincia de Buenos Aires 8912/77 de Ordenamiento Territorial y Uso del Suelo. La mayoría de los emprendimientos ha adoptado el régimen enunciado por la Ley de Propiedad Horizontal 13.512/48. Unos pocos han adoptado la división por Geodesia. Las "ciudades privadas" conllevan la aparición de los denominados "master-plans". Esta cantidad de normativas denota una ausencia de criterio común a aplicarse en estas urbanizaciones cerradas.
A MODO DE CONCLUSIÓN
La vida urbana permite interactuar con los demás en las innumerables relaciones de la vida social, cultural y política y establecer los intercambios necesarios. Sin el contacto con los otros no se concibe el desarrollo de la cultura en las múltiples manifestaciones que se dan, justamente, en la ciudad que brinda el espacio para intercambiar capacidades personales, bienes y servicios. El fenómeno de migración hacia los barrios cerrados pone en tela de juicio la adhesión a esta concepción de la ciudad y de sus bondades.
La segmentación de la ciudad ocasionada por la presencia de esos ámbitos cerrados –villas de emergencia y barrios cerrados- se traduce en procesos de exclusión y contraste que se dan en otras esferas. Los límites, tal como los hemos descripto en las formas urbanas que analizamos, sirven para que quede claro quiénes están dentro y quiénes quedan afuera. A los que quedan dentro se los identifica con el "nosotros" y a los de afuera con "los otros". Se trata de verdaderos retazos de ciudad que se nos presentan cercados y separados del resto. Detrás del límite quedan, además de las viviendas, un cúmulo de espacios que serían espacios públicos: veredas, calles, plazas, lugares de juego, costas de ríos y playas, por nombrar algunos. Sin ellos ya no se generan ocasiones de encuentros casuales y de interacciones con los otros. Se trata de una forma diferente de ver la vida comunitaria y de vivir en sociedad o, dicho de otra manera, de reforzar la identidad de una cultura.
Pero lo que es aún peor, detrás del límite quedan, para los habitantes de la villa, la exclusión de los servicios mínimos, una educación adecuada, los servicios de salud indispensables, la ilusión de llevar para el presente y el futuro una vida digna. Para los habitantes del barrio cerrado detrás del límite quedan: el acceso a servicios de todo tipo pero también la naturaleza encapsulada en imaginarios prefabricados, una “seguridad” relativa que dura en tanto y en cuanto no haya que traspasar el muro hacia afuera, un sentido de pertenencia tan seductor como frágil y una forma de vida que es casi como una ilusión óptica.
Sin duda empiezan a aparecer en los habitantes de ambos modelos rasgos y sensaciones interesantes de analizar: los que residen en la “villa” conviven con sentimientos y hechos tales como la pobreza, la desesperación, la marginalidad, la informalidad, la ilegalidad, la debilidad y desprotección ante la no contención social, la violencia, el delito, la impotencia, entre otros. Quienes residen en una “urbanización cerrada”, intensifican su propia necesidad de encapsulamiento ya que el que vive encapsulado quiere trasladarse, trabajar, consumir y recrearse en ámbitos también encapsulados, en ámbitos que hoy llamaríamos “no lugares” por su falta de identidad; logran anular la idea de "alteridad" -con toda la carga de diferencias, particularismos, peligros y misera que ésta presenta- sólo mientras se está adentro para sentirse totalmente desprotegidos ante la amenaza de la violencia y el delito en cuanto se está afuera. Se concibe sólo una moral hedonista dejando "afuera" de sus conciencias privatizadas todo aquello que no se conjugue con el placer, el bienestar o el buen vivir; aparecen sentimientos de tedio, aburrimiento, monotonía, miedo a perder el estatus logrado.
En definitiva, creemos que estos modelos, tal como están planteados, no son ni sostenibles ni deseables. Habría que replantear seriamente muchos de estos aspectos para asegurar una paz social que es más que necesaria en esta, nuestra querida Argentina actual.
Se entiende genéricamente como villa de emergencia a aquel asentamiento humano emplazado en un ámbito urbano muy precario en el cual la población vive en condiciones de pobreza y hacinamiento.
Mariela Marino is an architect and a professor at the Universidad de Buenos Aires in History of Architecture, and Professional at ProAtlas, National Council of Scientific and Technical Research (CONICET). This article is based on a co-authored study "Enclaves urbanos atípicos en el área metropolitana de Buenos Aires: su impacto socio-territorial" (OIKOS, Buenos Aires, 2000).