Chile

A Changing Country
Spring 2004

An Identity in the World

Not Just an Island
Marcelo Junemann, Juan Walker and Hernán Passalacqua

El teniente coronel del Ejército de Chile, Mario Messen, fue recibido con una bocanada de calor al poner sus pies en el aeropuerto Touissant L’Ouverture de Port Prince, Haití,  el jueves 4 de marzo. Con él bajaron los primero 120 efectivos de un total de 340 soldados que enviará Chile al tormentoso país caribeño con la misión de resguardar el orden y la paz.
Nuevamente, el país sudamericano va por la suya y en contrario sensus que la de sus vecinos.
El envío de tropas a Haití, que no estuvo ajeno a un fuerte debate político interno en Santiago, marcó otro punto más en esa suerte de distanciamiento o independencia que ha marcado a Chile frente a la región durante las últimas tres décadas.
Pero también la llegada de los soldados chilenos a la isla caribeña contiene otra carga simbólica y es cómo ven a Chile desde el otro hemisferio. Santiago aceptó la propuesta de intervenir en Haití que tanto Francia como Estados Unidos le habían hecho así como a otras naciones del continente, sin embargo, Argentina y Brasil decidieron no ir, pese a que el envío de tropas de paz fue por acuerdo unánime del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas en su sesión extraordinaria del domingo 29 de febrero.
¿Es Chile una isla en el continente o es un país aislado? Un debate que estuvo presente en la agenda política de este país a lo largo de 2003, luego que el articulista Álvaro Vargas Llosa lo afirmara en el diario chileno La Tercera. “Falso” dicen en el gobierno, Chile no está aislado, solo que ha optado por un camino distinto al resto de sus vecinos. Una forma diplomática de decir “hemos hecho las cosas un poco mejor”.
Algo hay de cierto, no obstante que parte de la elite chilena lo diga con cierto complejo de superioridad, actitud que más de alguna vez ha molestado en los países vecinos. Pero a su vez, vale reconocer que no es menor que sea Chile el invitado a participar con tropas en una misión de paz, efectivos que provienen del mismo Ejército que hace cinco años comandaba el ex dictador Augusto Pinochet -referente obligado a la hora de personalizar los regímenes autoritarios en América Latina- y no es menor que Santiago haya sido el único en aceptar ir al Caribe.
Los habitantes de este país, independiente de su posición política, palpan de manera muy real la diferencia con el resto del continente. Si bien, por historia este ha sido un país aislado dada su lejanía -llegar siempre ha costado más- ese mismo factor, además de una institución consolidada muy tempranamente luego de su independencia, ha llevado al país aplicar políticas de desarrollo muy a contrapelo de lo que han hecho sus vecinos.
El propio régimen militar fue distinto a las dictaduras, aunque represivo y sanguinario como ellas, se impuso una meta institucional, cambió la Constitución y aplicó a sangre y fuego un modelo de mercado que hasta hoy forma parte fundamental de la estrategia de desarrollo de los gobiernos democráticos de la Concertación, sector de centroizquierda que ha administrado el país desde 1990 sin interrupción. Vale también señalar que el cáncer de la corrupción no ha hecho metástasis en la estructura de poder ni en la elite durante la dictadura, ni en los 14 años que lleva de democracia. Por su puesto que hay casos y estos han ido ventilándose con más fuerza en los últimos dos años,  seguramente hubo y hay más casos de lo que se sabe, sin embargo no ha sido este un freno ni ha provocado el daño que claramente le ha inflingido ha otras naciones del continente, cuyas poblaciones sufren y sufrirán las consecuencias de elites desprendidas y corruptas que han llevado a sus naciones a la ingobernabilidad. Si se hace un poco de memoria, todos los países de Sudamérica, con la excepción de Chile, Uruguay y Colombia, han visto caer a sus presidentes democráticamente elegidos, lo bueno es que no han sido reemplazados por gobiernos militares y han funcionado los mecanismo institucionales para reemplazarlos; lo malo es que aún muchos se sostienen sobre bases débiles y con un alto grado de impopularidad.

Camino propio

Sin dudas a Chile su camino propio le ha reportado beneficios, tanto en el plano político institucional como en el económico, quedando sin embargo amplias brechas en temas sociales como pobreza, educación, salud y vivienda. Pese a ello, el país puede mostrar un notable avance, lo que lo ubica en el primer lugar de América Latina en materia de desarrollo humano, según el último informe del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Un dato es que el desempleo llegó a enero de 2004 al 7,4%, la cifra más baja alcanzada tras la crisis asiática desatada en 1998. Para el presente año se espera que la tendencia sea  a la baja acercándose al 6,5% como consecuencia del mayor crecimiento del PIB  y que las autoridades y los estudios independientes sitúan entre un  4% y 5% , (para mayor información estadística sobre Chile, ver www.ine.cl; www.minhda.cl; www.bcentral.cl y www.pnud.cl).
A la pregunta de si Chile puede ser o es ya un líder para la región, la verdad es que eso pasa porque a quienes pretenda liderar, lo acepten. En ese sentido hay que considerar que frente a gigantes como Brasil, Argentina o México es muy difícil apropiarse de la representación o el liderazgo.
Para muchos de los países de la región, Chile les genera un problema, su modelo irreplicable en las actuales condiciones de muchas sociedades latinoamericanas, salvo que esos gobiernos estén dispuestos a afrontar un conflicto interno mayor. Y eso no es porque Chile tenga alguna fórmula secreta o que sus habitantes estén dotados de cualidades superiores a las de otros países, simplemente el modelo entró en Chile porque le fue impuesto en condiciones autoritarias y sin ninguna capacidad de oposición. Ahora bien en democracia la cosa ha sido distinta y el mismo modelo ha sido mejorado considerablemente.
Presionados internamente, los gobiernos de los países vecinos, herederos de enormes problemas sociales y económicos, se les genera un conflicto al ver que uno de estos países puede demostrar capacidad para salir bien de una crisis tan profunda como la asiática en 1998, mantener los niveles de inversión social y lograr transformaciones notables en materia de infraestructura, salud y educación, pese a que aun falta mucho. No es de extrañar, en todo caso, que en algunas capitales se pregunten ¿Y por qué nosotros no? Claramente la respuesta da para varios artículos, sin embargo importa aclarar que los modelos no son replicables, ni por historia ni por la especificidad de cada sociedad. Ello, no obsta que la correcta administración del gobierno, el manejo responsable y eficiente de la economía, el combate a la corrupción y la lucha por superar la pobreza deberían formar parte del patrimonio de toda la humanidad y no ser exclusivo de un pequeño club de países.

Animadversión

Pero el camino propio que tomado Chile le ha traído más de un problema en la región que incluso se ha traducido en clara animadversión, un ejemplo de ello ha sido el diferendo que protagonizan Chile y Bolivia por la histórica reivindicación marítima de esta última. Tras la caída del gobierno de Gonzalo Sánchez de Losada, bolivia inició una fuerte presión para que su demanda marítima fuese tratado de manera multilateral y no bilateral como lo ha planteado Chile siempre, la iniciativa generó un sorpresivo, aunque velado, apoyo, por parte de miembros de los gobiernos de Brasil y Argentina, pese a que luego echaron pie atrás al ver que se metían en un lío que no tiene solución en la medida que sean la dos partes y no una, las que lo acuerden. Sin embargo, otros apoyaron decididamente la posición boliviana, como el Presidente de Venezuela, Hugo Chávez, quien provocó una grave crisis diplomática entre Santiago y Caracas, al decir que “soñó que se bañaba en una playa boliviana”, si bien ahora las cosas se ha calmado, el hecho dejó heridas abiertas y permitió darse cuenta en Santiago que tener la mejor casa del barrio no necesariamente reporta mayores amistades, por el contrario muchas veces, provoca habladurías del vecindario.
Lo anterior se vio reflejado en la intensa sesión que tuvo el equipo directivo del Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile a mediados de diciembre pasado, donde se trazaron los principales lineamientos de la estrategia internacional del país para este año. Durante ese encuentro, se concluyó que 2003 fue un año espléndido en logros internacionales: el acuerdo político y económico con la Unión Europea se puso en marcha, logrando que el Chile aumentara en un 15% sus exportaciones a Europa; se firmó el acuerdo de libre comercio con Estados Unidos, quizá el logro más emblemático que ha tenido el país en materia de comercio exterior. El tratado ya está vigente desde el 1 de enero y las expectativas son especialmente buenas. Recientemente, el Parlamento Surcoreano, ratificó al Tratado de Libre Comercio con Chile, una batalla difícil dada la fuerte oposición de los agricultores coreanos, pero se hizo y el tratado deberá entrar en vigencia próximamente. No solo se trató de una diplomacia del comercio, en marzo del año pasado Chile rechazó en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas la invasión a Irak, ello pese a estar en ese momento negociándose aun el TLC con Estados Unidos.
Sin embargo, en lo negativo, del 2003 destaca el enrarecimiento de las relaciones con la región. El caso boliviano fue aprovechado por algunos gobiernos para pasarle la cuenta a Chile por su “camino propio”, especialmente en lo que respecta a las “lealtades regionales”. Un caso emblemático es que Chile ha negociado tratados de libre comercio por su cuenta y no en al marco del Mercado Común del Sur (Mercosur), del que es miembro asociado y no integrante pleno, justificándolo por la diferencia de aranceles que tiene este país con el bloque comercial sudamericano –los de Chile son notablemente más bajos-.
Así, para la política internacional chilena será clave este año recuperar la confianza y la comprensión de sus vecinos. Concluidos los acuerdos comerciales con los principales bloque económicos mundiales, el gobierno sabe que su futuro está vinculado a la región pese a todo, sin embargo no deja de ser también un hecho demostrable que Santiago optó hace tiempo en vincular su desarrollo con la apertura hacia sus principales socios comerciales y esos son Norteamérica, Europa y Asia. Hacia allá van más de dos tercio de las exportaciones y de ahí proviene casi la totalidad de las inversiones.
Que Chile quiere ser un actor en el concierto internacional, es probable. Tiene sus bases económicas y políticas sólidas, pero también sabe que sus limitantes son enormes: lejanía, mercado pequeño y aun con graves deficiencias sociales donde la distribución del ingreso sigue siendo una de las más inequitativas del continente.
Pese a ello, tanto el gobierno como la oposición de derecha, tiene como objetivo ser un país desarrollado para el 2010, según los parámetros de la Organización para el Comercio y el Desarrollo Económico (OCDE ), el organismo que agrupa a los países desarrollados y al cual Chile está postulando ingresar.
Isla o aislado no es el debate, es cuál es la mejor opción de desarrollo en un mundo complejo para todos y particularmente para países pequeños y lejanos. Con todas sus falencias y su trágica historia se puede decir que Chile ha logrado encaminarse por una senda que hoy comienza recién a darle frutos.

 

RECUADRO

La oportunidad del turismo en Chile

Chile es un país de una diversidad de atractivos naturales inimaginables, con lugares que gozan de una percepción abstracta o “imaginaria” para los viajeros a nivel mundial. Es el caso de Isla de Pascua, del desierto de Atacama, de la Patagonia, la Antártica y de los vinos nacionales. En torno al concepto de Chile flotan imágenes que van de la conquista española a Charles Darwin y Francisco Coloane, de la cultura polinésica a Pablo Neruda. Estos “atractivos” explican la creciente llegada de turistas de larga distancia a Chile. Esta gente, como mercado objetivo, busca exclusividad, tranquilidad y rincones del mundo desconocidos y poco explorados. Se caracterizan por tener más tiempo y más recursos financieros.
A su vez, hay dos factores que están posicionando a Chile como destino turístico internacional. Primero, las consecuencias geopolíticas del 11 de septiembre de 2001 y la guerra con Irak, simplemente debido a que el mundo se redujo a menos destinos y que dentro de éstos los viajeros buscan la combinación perfecta entre seguridad y atractivos naturales, en donde sitúan a Chile en la lista corta de los "ganadores". Segundo, la imagen de  reconocida estabilidad política y económica del país, validada con los últimos acuerdos de libre comercio con Europa,  Estados Unidos y Corea hacen de Chile un destino seguro y aislado a la situación de América Latina. Un botón de muestra es que el flujo de turistas durante el 2003 tuvo un repunte del 15% respecto al 2002 y que el mercado de larga distancia creció sobre el 23 % en el mismo período.
Sin lugar a dudas, el turismo es un buen negocio para el país. Se están invirtiendo  en infraestructura turística privada y pública para recibir de mejor manera a los visitantes y se está desarrollando una campaña de promoción en el exterior con el objetivo de transformar a Chile en un exclusivo destino turístico de intereses especiales. Claro que aún faltan cosas por hacer.

Marcelo Junemann is the Publisher and Creative Director for Big magazine. Juan Walker is Editor-in-Chief of La Nación. Hernan Passalaqua is the CEO of FitzroyManagement & Development and President of the Tourism Commission of the Engineer's College and MBA Imperial College, U.K.

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