Chile

A Changing Country
Spring 2004

Chilean Art

Between Reality and Memory
Beatriz Huidobro Hott

La contingencia histórica ha sido un importante referente de las artes visuales chilenas a partir de la segunda mitad del siglo XX. Nos encontramos ante una diversidad de tendencias, de caminos paralelos, de entrecruces y transferencias.

La búsqueda de lo propio se inicia históricamente a través del paisaje. La carencia de un pasado precolombino y la falta de interés por los vestigios, aunque escasos, de las etnias  originarias y el desconocimiento de la riqueza cultural de su percepción del mundo, privilegiaron un arte con una fuerte influencia europea, y de un marcado carácter elitista.

 La excepción nos la entrega la llamada Generación del 13, quien a comienzos de siglo realizó una pintura costumbrista , vinculada a demandas sociales, que tuvo eco  en la literatura y en la música nacional. No debemos olvidar un incipiente movimiento muralista que surgió en los años cuarenta, motivado especialmente por la estadía de David Alfaro Siqueiros en Chile.

Existía un desfase con relación a los movimientos de los centros artísticos internacionales.
Esta situación  se revierte en la década de los cincuenta e inicios de los sesenta. Se acortaron las distancias e hicieron  su aparición tendencias de arte no figurativo. En 1955 el grupo Rectángulo, con un arte geométrico riguroso, rompió con el modelo naturalista. Se produjo una confrontación con el esquema anterior, pero no se desligó de la referencia  a la visión del paisaje chileno. Ramón Vergara Grez, su principal representante y teórico, lo alude en los títulos de sus obras.

Esta agrupación deriva años más  tarde, en  Forma y Espacio en la que participará Matilde Pérez, interesada en las estructuras geométricas del arte precolombino. Realiza un arte cinético que no es comprendido, señalando la artista: “quedé encerrada entre cordillera y mar sin encontrar ningún eco”, actualmente, para varios artistas jóvenes, su obra es un referente.

En 1961  surge el grupo Signo, cuyos integrantes se vinculan  a las corrientes informalistas, especialmente al arte catalán. Participan José Balmes, Gracia Barrios, Alberto Pérez y Eduardo Martínez Bonatti. Estos jóvenes se cuestionaron acerca de la pintura como agente de cambio. Establecieron una relación con la política y los acontecimientos sociales contingentes.

En los años sesenta la ideologización del país se acelera. Las grandes fuerzas quedan definidas claramente. Se suceden gobiernos de distintas tendencias políticas en una misma década. Se acaba el diálogo lo que lleva a serias confrontaciones. Es un periodo de importantes transformaciones sociales y políticas y a la vez se produce la fragmentación de la sociedad chilena al polarizarse las tendencias.

Los artistas participan activamente de este proceso, se genera un arte de denuncia, que se visualiza claramente en su iconografía. Entre 1964 y 1973 hace su aparición la pintura mural callejera, que se nutre de los planteamientos políticos de izquierda. Surgen las brigadas muralistas, como  “Ramona Parra”, en la que participó Roberto Matta en uno de sus viajes a Chile. Uno de los lugares más emblemáticos donde  realizaban este trabajo colectivo, es la rivera del río Mapocho.

A partir de 1973 se vive una situación nueva y traumática. El 11 de septiembre el Golpe Militar trae consigo una brutal represión con torturas, exilio y censura. En los primeros años el pesimismo y la desolación paraliza la labor de los artistas. Poco a poco reaparecen planteamientos vinculados con la situación histórica, “una de ellas, que podríamos denominar estética de la expiación , surgió de una conciencia de culpa colectiva por la pérdida de los valores democráticos; otra, que llamaremos estética del escombro,  nació de las reflexiones y juicios que provocaba la contemplación del espacio democrático arrasado” .

Hacia 1975 hace su aparición una nueva iconografía en el arte chileno. La situación vivida  queda claramente graficada en lo sucedido con la exposición del artista Guillermo Núñez realizada en el Instituto Chileno-Francés de Cultura, donde presentó un conjunto de jaulas para pájaros y dentro de ellas colocó diversos objetos, como un pan, una flor o una banderita chilena. Al día siguiente de la inauguración fue detenido por la policía. Durante seis meses estuvo  en distintas prisiones, un gran tiempo con los ojos vendados, hasta que le fue posible exiliarse.

Desde entonces los artistas debieron revisar sus estrategias de trabajo para eludir la censura. Los contenidos de mensaje social fueron velados. Hicieron uso de la metáfora plástica, de un lenguaje indirecto.

Muchos creadores sintieron que los medios de expresión tradicionales, como la pintura, el grabado y la escultura, no eran suficientes para poder expresar lo que sentían, e inventan nuevos recursos, buscan una relación entre los materiales y la realidad social y política que están viviendo. La fotografía testimonial será profusamente utilizada. Esta subersión  de los medios tradicionales se inserta en una tendencia mundial de experimentación conceptual. Aparecen las instalaciones, las acciones de arte, el arte corporal. Estas manifestaciones serán testimonio de aquello que no se podía decir a través de otros  medios de comunicación .

Surge el grupo CADA (Colectivo Acciones de Arte) que utilizó el espacio urbano, creando así nuevos circuitos de circulación del arte. Era un grupo interdisciplinario donde participan artistas visuales e intelectuales, fueron los propios artistas los teóricos de sus obras, entre ellos Lotty Rosenfeld, Juan Castillo, Raúl Zurita, Diamela Eltit, y Fernando Balcells.

Artistas como Eugenio Dittborn, Carlos Altamirano, y Gonzalo Díaz, se plantean qué es ser pintor en Chile. Dittborn acepta la precariedad y trabaja con ella. Hace notar la marginalidad de Chile en diferentes aspectos incluyendo el circuito internacional artístico. Envía por correo sus obras en papel doblado.

Estos artistas cuyo quehacer se realiza entre 1977 y 1982 constituyen La Escena de Avanzada, denominado así por la crítica de arte Nelly Richard , con un discurso teórico que modifica los códigos de comunicación cultural. Juan Dávila haciendo uso de formas del pop art con gran irreverencia, y Carlos Leppe, hiriendo su propio cuerpo, se insertan también como figuras destacadas en este conglomerado.

En los ochenta surge una tendencia  neoexpresionista, sobre todo en  los pintores más jóvenes recién egresados de las escuelas de arte, como  Samy Benmayor, Bororo y Omar Gatica. En su pintura gestual y desenfadada, se percibe un acto de liberación de las represiones. No hay un aporte teórico que  sustente esta pintura. Es impetuosa y espontánea.  El conocimiento de la Transvanguardia italiana no es ajena a estas tendencias subjetivistas.

Se desarrolla un mercado del arte en Chile, surgieron nuevas galerías y muy tímidamente el público comenzó a adquirir arte contemporáneo. Los mecenas, quienes financiaban los concursos y exposiciones, eran las empresas del sector privado, a las que les favorecía la carencia de un contenido político crítico.

Subsistió otro  sector de artistas que no dejó de pintar y esculpir con propuestas paralelas al arte conceptual durante todo este periodo. Este tipo de pintura descansa en un imaginario personal que  surge de la interioridad del artista ( Mario Toral, Rodolfo Opazo, Gonzalo Cienfuegos), donde la fantasía juega un rol fundamental.

A partir de la crisis económica de 1983, la censura se va debilitando. Comienza a regresar un grupo importante de pintores exiliados, como José Balmes, quienes realizan  un arte de carácter testimonial.  Reaparece el muralismo en las poblaciones de la periferia urbana o en recintos cerrados. En 1988 salen las brigadas nuevamente a la calle para apoyar el No en el plebiscito convocado por el gobierno militar.

En 1990  el retorno de la democracia trae consigo un nuevo escenario. Jóvenes que  no vivieron la dictadura militar se apropian de la memoria de sus padres. Un mundo, desconocido  para muchos, queda en evidencia. El reconocimiento de la violación de los Derechos Humanos será para algunos, un tema recurrente. Se han hecho  recientes revisiones a través de los diferentes medios de comunicación con motivo de cumplirse 30 años del golpe militar, lo que lleva a asumir con madurez el proceso vivido o relatado.

La joven generación no participa  de una ideología. Quieren comprender el pasado reciente, sin el sentido de culpa o de víctima de la generación anterior. No insistir en los rencores y mirar hacia el futuro, con una mirada crítica, pero constructiva.

Las posturas van dirigidas en otro sentido. Son pocos los artistas que abordan  la problemática política y social. Surge una expresión crítica al modelo económico, al libre mercado, a la sociedad de consumo. La más emblemática es la exposición de Bruna Truffa y Rodrigo Cabezas  que presentaron en 1999, en el Museo Nacional de Bellas Artes y que denominaron “Si vas para Chile”, aludiendo al título de  una conocida canción popular. Más tarde realizan otra muestra titulada “Si vas para el Mall”.

Se ironiza acerca de la sociedad de consumo, de la búsqueda de un placer fácil y superficial. Pero no se ve reflejada una  preocupación por la pobreza, por el desempleo o por la desigualdad social y económica, que aqueja al Chile actual.

Surgen grupos  ecologistas, como también la reivindicación de un pasado acerca a algunos artistas a las etnias autóctonas, especialmente la mapuche. La utilización de materiales orgánicos, toman relevancia, como  los trabajos realizados  en barro, es el caso de Zinnia Ramírez, Ana María Wienecken, Leo Moya, y Norma Ramírez.

Otros artistas rescatan la memoria a través de objetos encontrados, como Carlos Montes de Oca, quien los descontextualiza presentándolos, junto a textos poéticos, en cajas de impecable factura. Actualmente ha realizado intervenciones en el espacio urbano con pequeñas carpas que hacen referencia a la desprotección y fragilidad del ser humano.

 La liberación de las costumbres también ha influido en las propuestas artísticas. Hay una mayor tolerancia hacia temas antes vedados como los desnudos, el erotismo o la homosexualidad. Resurge el arte conceptual, donde el discurso teórico es de gran relevancia. Esta tendencia es propiciada por un gran número de  Escuelas de Arte. Están muy atentos a las nuevas propuestas estéticas. La pintura no es ajena a este análisis, hay un cuestionamiento al soporte bidimensional.

El desarrollo tecnológico ha hecho posible incorporar nuevos medios. La utilización de la interacción multimedia ha atraído a un número importante  jóvenes, que conjugan pintura,  fotografia, objetos encontrados y videos en sus instalaciones. Se entrecruzan  las fronteras  de los medios y lenguajes artísticos. Se producen cruces y desplazamientos formales y conceptuales, propios de un mundo globalizado.

Destaca el uso de materiales de desecho que son reciclados, como las construcciones con papel de periódico de Andrés Vio. Son materiales cotidianos, sobrantes, que remiten a la precariedad, a la creatividad popular ante la falta de recursos. Se enlazan problemáticas propias del arte contemporáneo y un lenguaje atinente a las condiciones de vida de nuestro país. También esta precariedad  alude a la dificultad de dar a conocer el arte chileno en los circuitos internacionales establecidos.

En la actualidad podemos concluir que se acrecienta la relación entre el arte y el público, el que asiste a museos y galerías . Han aumentado los espacios de exhibición, tanto privados como estatales, lo que permite que se creen instancias de  confrontación y de reflexión.
El problema se suscita con las propuestas teóricas muy herméticas ya que el público no posee los códigos que hacen posible la comprensión de estas obras. Algunos galeristas apuestan porque la seducción de los materiales, el impacto o la sorpresa actúen como los caminos de acercamiento y de atención.

Paralelamente persiste la pintura, especialmente aquella con un imaginario que alude a un mundo onírico, paisajes donde se insertan extrañas figuras humanas y objetos incongruentes con un dejo de atemporalidad. Es el caso de la obra  de Mario Gómez, Edwin Rojas y Lorenzo Moya. Se repliegan en un mundo privado, subjetivo, el que transfieren con una rica imaginación y gran oficio.

Con el deseo y la voluntad de los gobiernos democráticos se ha trabajado para elaborar una política cultural, que acoja las diversas tendencias y manifestaciones, dando lugar al recientemente creado Consejo Nacional  para la Cultura y las Artes, lo que conlleva a un mayor optimismo. También es necesario destacar el interés por presentar el arte en los espacios públicos; el emplazamiento de esculturas en el entorno urbano, no solo en Santiago, sino a lo largo del país, ha sido muy acertado. Entre los artistas que han participado en estos proyectos se encuentran los destacados escultores Osvaldo Peña, Sergio Castillo, Francisco Gacitúa, Alejandra Ruddoff, José Vicente Gajardo,  y Aura Castro.

De acuerdo al modelo económico, las empresas privadas continúan ejerciendo un rol fundamental en el financiamiento de los proyectos artísticos, en su difusión y promoción, rol que asumieron en el período de la dictadura, puesto que el gobierno militar se desligó de las responsabilidades relacionadas con las manifestaciones culturales. Actualmente se han buscado mecanismos de participación de manera conjunta.

Podemos apreciar que el arte pone en evidencia una realidad compleja, contradictoria, de la que no siempre estamos conscientes. Las manifestaciones son tan diversas como lo son las percepciones que cada artista sensible tiene frente al entorno que le tocó vivir. El arte  será el espejo que rescate y  preserve nuestra memoria cultural.


Milan Ivelic en “Arte Latinoamericano del siglo XX”, Edit. Nerea, 1996, p.309.

Nelly Richard, “Margins and Institutions:Art in Chilesince 1973” Art & Text, Melbourne, 1986.

Como señala Tomás Andreu, director de la Galería Animal, espacio que acoge las nuevas tendencias.

Beatriz Huidobro Hott is an art historian and curator in Santiago.

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