
Flora and Fauna
Nature in Latin AmericaWinter 2005
The Tragic Saga of the Scorpion Flower
Twelve Portraits of the Dracula OrchidA Photoessay by Jorge Mario Munera

Casi nadie sabe que en la historia de las maravillosas orquÃdeas existe un capÃtulo fatal de terribles tragedias de carne y hueso. Desde un principio, en la mitologÃa griega, Orchis se encuentra en el bosque con el cortejo de Dionisios y pierde la cabeza por una de las mujeres que lo acompañan, intenta poseerla por la fuerza y ella, para defenderse, le ordena a las fieras el monte que lo maten pero, al ver el hermoso cadáver, ella se arrepiente de su orden y le implora a los dioses que le devuelvan la vida. Estos, conmovidos con su súplica, lo reviven transformándolo en orquÃdeas.
Asimismo en otras culturas la aparición de esta flor que es el sÃmbolo del amor apasionado y de la perfección estética, está ligada a sucesos sangrientos y brutales: en el sur de Asia son sus pétalos el ajado vestido de una diosa vapuleada; en las pinturas de la antigua China las orquÃdeas, junto a los ciruelos, los crisantemos y el bambú, contemplan, desde serenas pinceladas, el transcurrir de milenios de despiadadas guerras. En las culturas precolombinas, su preciado uso alimenticio, medicinal y religioso las convierten, junto con otras especias, en acicate de la devastadora horda española. Pero es a partir del siglo XIX cuando su fatalidad se manifiesta con mas feroz intensidad. La voracidad que se desata en la Europa victoriana por esta flor acarreará una interminable cadena de muertes, empezando por la de millones de ejemplares de orquÃdeas muy diversas que perecieron por las tétricas condiciones de los viajes rumbo al exilio. Es inimaginable la desaparición de tantas especies en medio de huracanes terribles y naufragios, en un drama paralelo al del comercio de los esclavos que surcaron las mismas aguas, todos presas de ese cruel mercado.
Mientras tanto, los bosques eran saqueados para saciar la fiebre de la exquisita afición. Selvas enteras fueron derribadas para apoderarse de las orquÃdeas que habitaban sus galerÃas y sus copas y, otro tanto fue depredado por este nuevo género de cazadores para que sus competidores no pudieran conseguir determinadas especies preciosas y quedaran solo en poder de alguno de ellos. En una extraña venganza, muchos de esos hombres pagaron con sus vidas la osadÃa de ese rapto masivo, sin discernir si su propósito eran cientÃfico, comercial o tan solo un irrefrenable capricho. Casi todos ellos, caÃdos en las redes de la irresistible y letal atracción, terminaron sus vidas siendo cadáveres entre orquÃdeas, en medio de estas exuberantes selvas que siguen siendo destruidas de forma encarnizada y sistemática por la tala, la ganaderÃa, la fumigación quÃmica indiscriminada y los bombardeos de extensas áreas que son nicho de especies endémicas.
Colombia, paÃs que tiene la fama de ser el mas rico en especies de orquÃdeas en el mundo, abunda también en casos de muertes surgidas en la persecución de esta bella flor. Grandes personajes de la historia de la botánica y anónimos recolectores llegaron a estas selvas, como hipnotizados, dando los pasos de un fatÃdico ritual. Pasaron por aquà Aimé Bonpland, quien terminó su vida de buscador de orquÃdeas en los lÃmites de Uruguay y Brasil, muriendo dos veces seguidas, la primera de muerte natural y la otra, de varias puñaladas. William Arnold, comerciante victoriano, desaparecido en los estruendosos raudales del Orinoco. Falkenberg, consumido por las fiebres y el delirio en las selvas de Panamá. David Bowman, fue vÃctima de una imparable disenterÃa en Bogotá. Friederich Carl Lehmann, minero y orquideólogo, fue durante muchos años el cónsul de Alemania en Popayán, donde vivió buena parte de su vida hasta ser asesinado mientras recorrÃa el rÃo TimbiquÃ. Albert Millican, recolector, pintor, fotógrafo y autor del libro Travels and Adventures of an Orchids Hunter, cuyos huesos reposan desde 1899 en el cementerio de Victoria, Caldas, después de una feroz cuchillada. El renombrado Gustavo Wallis pereció de fiebre amarilla y malaria entre las brumas de las cimas andinas. Enders, uno de los mas grandes recolectores, murió tiroteado en una calle en Riohacha. Y no solo fueron ellos las vÃctimas de este sino mortal; también muchos de los herbarios que con gran esfuerzo colectaron, desaparecieron por la violencia de los conflictos locales y de las guerras europeas, empezando por el de José Celestino Mutis que fue sacado de afán de Bogotá, perdiéndose parte de su material en los recovecos de la huida. El fabuloso herbario de Reichenbach fue casi todo incinerado durante la Primera Guerra Mundial lo mismo que el gran herbario de Rudolf Schelchter, consumido por los bombardeos de 1943 en Alemania. También se perdieron, por la misma causa, una gran serie de láminas que José Celestino Mutis le regaló a Humboldt y este donó a la ciudad de BerlÃn. La misma suerte corrieron muchos de los jardines botánicos de la Europa de ese entonces, en donde previamente sus encargados habÃan cocinado a centenares de miles de orquÃdeas tratándolas de adaptar a invernaderos que tenÃan todas las caracterÃsticas de las cámaras de gas.
Hacia mediados del siglo XX las difÃciles condiciones de orden público terminan alejando a los investigadores extranjeros de nuestras selvas por lo que a partir de esa fecha la búsqueda de orquÃdeas queda en manos de recolectores colombianos que, salvo contadas excepciones, han engrosado la lista de muertos en pos de la exótica flor: José MarÃa Guevara, José MarÃa Serna, Evelio Segura, Bernardo Tascón, son algunos nombres conocidos entre tantos desconocidos sacrificados en la trágica saga de la Flor de Escorpión.
Colombian photographer Jorge Mario Munera was the winner of the 2003 DRCLAS Latin American and Latino Art Forum. He earned first place in Colombia?s National Photography in 1988. His work has been published in OrfebrerÃa y Chamanismo, with text by anthropologist Gerardo Reichel Dolmatoff, as well as in OrquÃdeas Nativas de Colombia, volumenes 1, 2, 3, 4 with texts by various authors; El tren y sus gentes, with texts by Belisario Betancur et al; Vista Suelta, which won the National Photography Prize; and El Corazón del Pan with text by Antonio Correa. Many of these books have been published by Sirga Publishing. Múnera is currently preparing editions of Memoria de Festejos Populares and La arena y los sueños. Contact:
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