
Social Enterprise
Making a DifferenceFall 2006
Business and Low-Income Sectors
Finding a New Weapon to Attack PovertyJames E. Austin and Michael Chu

La pobreza continúa siendo un problema crónico para el mundo, a pesar de las cantidades sin precedentes en tiempo y tesoro dedicados a su eliminación desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Enormes instituciones nacidas de la colaboración histórica entre los sectores públicos del mundo, gobiernos nacionales de países desarrollados y en vías de desarrollo, los vastos recursos de la filantropía privada, el ingenio y el compromiso de organizaciones de la sociedad civil, todos han estado dedicados a esta lucha. Estos esfuerzos han sido desplegados en todos los continentes y bajo todas las culturas, en democracias y dictaduras, en economías centralizadas y en mercados abiertos. Sin embargo, la pobreza perdura. Y donde el alto crecimiento económico mantenido a través de largos períodos ha logrado mejoras dramáticas en la calidad general de la vida, como en la China de los últimos veinticinco años o en la India más recientemente, la pobreza sigue siendo el dilema que amenaza al futuro. La necesidad de nuevos marcos conceptuales con respecto a la pobreza es tan urgente hoy como nunca.
Mirando al Sector Privado
Buscando soluciones efectivas, la atención del mundo se ha dirigido gradualmente hacia la empresa privada, el sector que aún sus detractores le reconocen su capacidad de ejecución. En los últimos años, algunos analistas han comenzado a ver la intersección del sector comercial con la pobreza como un nuevo espacio para la creación de valor económico: un segmento de oportunidades económicas mal atendidas. Pero desde la perspectiva de la sociedad, la interrogante más importante es si existe un potencial desaprovechado para que el sector privado sea una fuerza pujante en la elaboración de soluciones a los problemas profundos de la sociedad --- la creación de valor social. Las posibilidades abundan. ¿Se pueden lograr aumentos significativos en la inclusión de los mercados y en los ingresos familiares conectando campesinos pobres a consumidores globales? ¿Se puede distribuir en forma efectiva atención médica y educación, todavía tan escasos en las poblaciones pobres, mediante mecanismos de mercado? ¿Es la conversión de usuarios ilegales de electricidad a clientes pagaderos un camino hacia el desarrollo social? ¿Es el otorgamiento de tarjetas de crédito a los pobres una manera efectiva de generar pertenencia ciudadana? ¿Se puede mejorar la calidad de vida a través de innovaciones empresariales que logren que los bienes sean más baratos y más accesibles para los consumidores de menores ingresos? ¿Se pueden lograr en forma sostenida aumentos en la productividad y en el ingreso de productores de bajos recursos a través de nuevos accesos a capital financiero y al entrenamiento?
La razón por la cual esto es de vital importancia yace en la esencia misma del problema. Una respuesta efectiva a la pobreza global tiene que cumplir con tres características fundamentales:
Escala: El mundo tiene tres mil millones de habitantes que deben subsistir a base de dos dólares o menos por día. Afectar la médula del problema requiere en última instancia la habilidad esencial de poder escalar una intervención para que llegue no a miles sino a millones de personas.
Permanencia: Dado lo arraigado que es el problema, es probable que ninguna intervención puede alzar a las familias de la pobreza en una sola generación. El éxito exige iniciativas que puedan ser desplegadas a través de generaciones. Por lo tanto, las soluciones perduraderas no pueden depender en última instancia de recursos determinados por la atención limitada de los seres humanos, atados a su vez a la duración de sus mismas vidas, aún cuando estén acompañadas de las mejores intenciones y las posiciones más eminentes en gobiernos, agencias multilaterales de desarrollo, u organizaciones de la sociedad civil. Los azares y las presiones de los procesos burocráticos o políticos impiden la permanencia. Los políticos y las agendas políticas tienden a ir y venir, pero las industrias creadas por el sector privado permanecen.
Eficiencia y eficacia: Dado el tamaño del problema y la escasez de recursos, las respuestas efectivas deben también incorporar la utilización más productiva de los medios disponibles.
La filantropía, si bien puede contribuir en forma clave a apoyar innovaciones sociales, carece de los recursos financieros y las estructuras organizacionales para poder alcanzar y mantener escalas masivas. Los gobiernos sí tienen los recursos para llegar a escala, pero frecuentemente tropiezan con la eficiencia y la eficacia, mientras que la inestabilidad y la dinámica de la política atentan contra la continuidad. Por el otro lado, empíricamente, las industrias y los mercados han demostrado la habilidad de operar masivamente, permanentemente y eficientemente. Cuando los retornos financieros de una actividad son demostrablemente iguales o mayores que las de otras de similar perfil de riesgo, el raciocinio económico dicta el surgimiento de protagonistas que buscarán hacérselo llegar hasta el último cliente potencial. Lo comprobamos todos los días. Sin embargo, el mercado y las reformas de mercado tampoco han podido eliminar ni la pobreza ni la creciente brecha entre ricos y pobres. Por consiguiente, la pregunta clave es si el sector privado puede encontrar nuevos enfoques que usen las capacidades demostradas de iniciativas de mercado para interactuar con los sectores de bajos ingresos en maneras que pueden lograr avances significantes en la lucha contra la pobreza.
Para el empresario, la interrogante quizás sea, como lo pone el título del influyente libro de C.K. Prahalad, si en efecto hay una “fortuna en la base de la pirámide.” Pero para el protagonista social, la pregunta es cada vez más si en la lucha contra la pobreza el mercado es un camino que ha sido ignorado. Y si el sector privado al servicio de las poblaciones de bajos ingresos es capaz de crear valor social, entonces esta práctica --- más allá de las ciencias de la administración empresarial --- es parte íntegra de lo que denominamos “emprendimientos sociales”: organizaciones cuyas actividades principales están dedicadas a afectar los males de la sociedad, irrespectivo de que sean sin fin de lucro, comerciales o del sector público.
El estudio del sector empresarial desde esta óptica diferente --- la de las Iniciativas de Mercado Anti-Pobreza (IMAP) --- es el más reciente ciclo de investigación de SEKN, la Red de Conocimiento sobre Emprendimientos Sociales conocida por las siglas de su nombre en inglés, the Social Enterprise Knowledge Network. SEKN está compuesta de nueve escuelas de administración de empresas de América Latina y España, más Harvard Business School (ver recuadro). A través de su actual ciclo de investigación, SEKN ha examinado 18 casos, 8 de los cuales se perfilan en esta edición de ReVista, cubriendo actividades que van desde la agroindustria a la construcción, la atención médica, los textiles y el comercio. Les sigue seis artículos adicionales que cubren temas más generales sobre las IMAP, usando los casos de estudio como punto de partida y elaborando a partir de ellos. Entre estos temas se encuentran:
el desafío de arrancar y desarrollar IMAPs, particularmente en lo referente a la inmersión en las dimensiones culturales de los sectores de bajos ingresos;
el rol distintivo que las ONGs pueden desempeñar como protagonistas de IMAPs;
la importancia de la colaboración entre empresas y ONGs en la construcción de ecosistemas IMAP viables;
los impactos positivos o negativos que pueden tener los gobiernos en las IMAPs;
las diferentes formas en que las IMAPs pueden generar valor social y el desafío de hacerlas alcanzar escala; y
la perspectiva de agencia multilateral del Banco InterAmericano de Desarrollo en su nueva iniciativa, Creando Oportunidades para la Mayoría.
Los Temas Claves
Los casos perfilados en ReVista ilustran la investigación de SEKN sobre temas claves a través de cinco dimensiones:
¿Quiénes son los actores?
¿Cuáles son los obstáculos en contra de la participación efectiva?
¿Qué formas organizacionales ofrecen ventajas particulares?
¿Qué dinámicas tienen los ecosistemas basados en iniciativas de mercado?
¿Cuál es la naturaleza del proceso de la destrucción y la creación de valor?
Quiénes: Al examinar el impacto de la empresa privada sobre los pobres, una de las primeras interrogantes es cómo conceptualizar a la población que entra en contacto con los emprendimientos comerciales. Recientemente, el término “la base de la pirámide” ha logrado amplia aceptación. Si bien esta descripción gráfica ha sido enormemente útil en focalizar atención sobre el tema, SEKN ha elegido anclar su terminología en una dimensión más estrecha y específica, prefiriendo el término “sectores de bajos ingresos,” o SBI. Aunque no intencional, una referencia que comienza con la base, por debajo del resto de la gente, conlleva el riesgo de cargar con ella una connotación peyorativa, de ser menos que los demás. Uno de los precursores atitudinales críticos para este nuevo enfoque empresarial es el reconocimiento del considerable valor y contribución de los SBI como protagonistas económicos. En vez de ser siempre “menos”, son también “más” en muchas dimensiones. Por consiguiente, ha elegido centrar la atención sobre el vehículo y el objetivo, lo cual queda capturado por el término Iniciativas de Mercado Anti-Pobreza (IMAP).
Los sectores de bajos ingresos se caracterizan por:
Heterogeneidad: Más allá del atributo de ganar bajos ingresos y controlar escasos activos, los SBI a través del mundo son muy diferentes como también lo son dentro de cada SBI. Las diferencias pueden darse en varias dimensiones: el nivel de educación, la integración política y social, la habilidad de interactuar con las instituciones formales e informales de la comunidad, la cohesión social, y el grado de familiarización con las estructuras y los procesos legales.
Contexto: El medio ambiente específico condiciona las diferentes oportunidades de involucramiento con los distintos segmentos de los SBI. Los casos discutidos en los artículos subsiguientes revelan, por ejemplo, las diferencias de entablar negocios con los trabajadores agrícolas pobres de Centro América comparado con hacerlo con los habitantes de los populosos barrios de Caracas o Bogotá.
Agentes Económicos Amplios: Si bien muchos de los trabajos recientes se han focalizado en los SBI como consumidores de bienes y servicios provistos por empresas externas, usualmente corporaciones multinacionales, la investigación de SEKN indica que las poblaciones de bajos ingresos deben ser vistas como protagonistas a través de toda la cadena de valor. Además de ser consumidores --- por ejemplo, de servicios prepagos de salud en Caracas o productos cerámicos en Bogotá --- los SBIs son también importantes productores e intermediarios, tal como lo demuestran los que siguen de productores y procesadores de palma en el Perú y el Brasil, y la crianza y la exportación de mariposas en Costa Rica.
Barreras: El trabajo de SEKN pone particular atención a los obstáculos que bloquean la maximización del potencial de los SBIs en la cadena de valor económico. Por ejemplo, un productor de cerámica en Colombia no disponía de un canal de distribución para llegar a los SBIs y por lo tanto tuvo que desarrollar uno en colaboración con las organizaciones y los residentes de la comunidad. La compañía de cementos más grande de México tuvo que desarrollar nuevos métodos de mercadeo para servir a los inmigrantes en los EE.UU. que deseaban apoyar proyectos de construcción familiar en sus pueblos de origen. Un proveedor de atención médica de Venezuela tuvo que sobreponerse a la escasez de efectivo en los SBI en el diseño de un seguro de salud. La empresa de mariposas de Costa Rica superó las barreras de acceso al mercado conectando los campesinos pobres directamente con el mercado de exportación.
Formas Organizacionales: La existencia de barreras lleva a la pregunta si ciertas formas organizacionales están mejor adecuadas para sobreponerse a ellas. El grueso de la investigación a la fecha se ha concentrado en las corporaciones multinacionales pero el trabajo de SEKN explora el rol de otros tipos de emprendimientos sociales, por ejemplo, una cooperativa de reciclaje de residuos en un barrio de bajos ingresos de Buenos Aires, una organización de la sociedad civil en una región pobre de Chile que organiza la comunidad para juntar frutas silvestres y llevarlas al mercado, una pequeña empresa exportadora de mariposas, y una asociación nacional de productores de aceite de palma involucrados en el desarrollo de pequeños agricultores como proveedores.
Ecosistemas: Las empresas comerciales en los SBI existen dentro de sistemas políticos, económicos y sociales que constituyen los ecosistemas organizacionales bajo los cuales deben operar. Mediante el estudio de casos particulares, SEKN busca entender las dinámicas claves que afectan al éxito. Entre ellas se encuentran los roles entrelazados del gobierno, las organizaciones de la sociedad civil y otros actores sociales en la vida de los emprendimientos comerciales insertos en los SBI, desde su nacimiento hasta su eventual madurez. Este es el foco de la investigación sobre la red de recicladores de ropa usada en España, así como la colaboración entre los criaderos de palma y las compañías procesadoras del Perú y del Brasil. El rol del sector público es analizado con particular referencia al abastecimiento de los servicios públicos.
Creación y Destrucción de Valor: En su esencia más básica, cualquier negocio en los SBI debe ser evaluado en términos de su gestión económica. ¿Es rentable operar en los SBI? ¿Cumple con las expectativas de retorno normales para actividades de similar riesgo? ¿Es una decisión económica racional? Si la respuesta a estas preguntas es sí, entonces la operación es sostenible económicamente, ¿pero crea también alto valor social? Los negocios basados en los SBI pueden ser económicamente rentables pero socialmente negativos. Del mismo modo, otras actividades económicas en los SBI pueden crear valor social y no ser rentables, siendo subsidiadas por una empresa como parte de su responsabilidad social corporativa. En ambas instancias, las dos condiciones necesarias para alcanzar nuestra definición del éxito en los SBI, la creación simultánea de valor económico y valor social, quedarían incumplidas.
Cuando se crea nuevo valor social, la actividad quiebra el status quo y por lo tanto es probable que sea un proceso que violenta viejas estructuras. Por consiguiente, junto al entendimiento de la creación de valor social está el análisis de la destrucción que puede ser parte integral del mismo proceso. Se pueden forjar nuevas redes de distribución pero las viejas pueden quedar obsoletas; pueden haber nuevas oportunidades para la mano de obra de los SBI pero puede venir a costa de la eliminación de otros puestos de empleo; ciertos bienes y servicios pueden llegarle en forma más eficiente a los SBI, pero eso mismo puede también ponerle fin a algunos productores en los SBI. La gente de los SBI pueden tener nuevo acceso a productos de consumo pero ¿aumentará eso su calidad de vida? Irrespectivo de la utilidad práctica de un producto, ¿cuán importante es la auto-estima que puede emanar de su consumo? ¿Qué asegura que a lo largo del tiempo las empresas exitosas en los SBI continuarán manteniendo un excedente de sus contribuciones positivas sobre las negativas? ¿Cuál será el efecto neto final para la comunidad de los SBI, y para la sociedad en general? Las IMAP no son una panacea; están colmadas de complejidades y controversias. ¿Cómo se define el valor social y cómo se cuantifica? ¿Quién debe participar en ese proceso? Estas interrogantes no tienen respuestas obvias y constituyen un área clave de investigación en este campo.
Qué esta en juego
Más allá del capital intelectual, entender el sector privado en los SBI tiene ramificaciones prácticas de enormes repercusiones. Es la búsqueda de soluciones a las omisiones que hicieron que los previos esfuerzos para resolver la pobreza global quedaran incompletos. En su mejor expresión, la filantropía privada y pública ha contribuído aportes claves al parto de iniciativas innovadoras y de enorme alcance, pero ha sido incapaz de garantizar el escalamiento o la permanencia de esos esfuerzos. El sector público ha podido movilizar esfuerzos masivos por períodos prolongados pero ha sido incapaz de garantizar la elección de modelos que incorporen y mantengan la eficiencia y la eficacia, sin las cuales queda comprometido el largo plazo de los mismos. Estas contribuciones de la filantropía y el sector público han sido y seguirán siendo importantes, pero insuficientes. La empresa privada, si es capaz de producir retornos comerciales mientras provee bienes y servicios que rectifiquen los males de la sociedad, promete entregar la escala, la permanencia, la eficiencia y la eficacia a la guerra contra la pobreza. A lo largo de ese camino, tener éxito en este enfoque de generación dual de valores lleva consigo implicancias teóricas y prácticas sobre la naturaleza misma, el propósito y los vehículos del sector privado y su rol en la sociedad.
Cuán poderoso pueden ser las IMAP lo demuestran las microfinanzas comerciales. En treinta años, esta IMAP ha expandido dramáticamente el acceso al crédito para las poblaciones de los SBI del mundo. Al 2004, más de 9 mil millones de dólares al año están siendo entregados a más de 28 millones de clientes activos a través de entidades financieras altamente rentables. La investigación de SEKN es un aporte para entender si este éxito es un fenómeno singular o el resultado de procesos que pueden ser replicados una y otra vez. En la respuesta puede yacer la llave que abra la puerta a la transformación de nuestras sociedades.
Los siguientes artículos en este número de ReVista sirven como ventanas para vislumbrar esta área emergente de investigación y de práctica. Las respuestas definitivas permanecerán elusivas pero es posible profundizar nuestro conocimiento de las interrogantes apropiadas e iniciar nuestro entendimiento del fenómeno.
James E. Austin es el Elliot I. Snider y Flia. Profesor de Administración de Empresas Emérito de Harvard Business School, donde fue co-fundador de la Iniciativa de Emprendimiento Social y uno de los co-fundadores de SEKN, Social Enterprise Knowledge Network.
Michael Chu es Profesor de Administración de Empresas de Harvard Business School y, previamente, presidente y CEO de ACCION International.
James E. Austin is the Elliot I. Snider and Family Professor of Business Administration, Emeritus at the Harvard Business School, where he was co-founder of the Social Enterprise Initiative and one of the co-founders of the Social Enterprise Knowledge Network.
Michael Chu is Senior Lecturer of Business Administration at the Harvard Business School and former president & CEO of ACCION International.