
Social Enterprise
Making a DifferenceFall 2006
NGOs and Socially Inclusive Businesses
Within the Market, For the MissionGabriel Berger

En el mundo sin fines de lucro, la misión social, y las operaciones basadas en el mercado y el financiamiento usualmente están vistas como una contradicción en sus términos. Vincular y alinear ambas dimensiones del desempeño organizacional ha sido percibido por muchos como tareas incompatibles entre sí. La investigación de SEKN está analizando experiencias de organizaciones de la sociedad civil que desafían esa arraigada presunción.
El saber común sugiere que las organizaciones no gubernamentales (ONGs) no tienen las capacidades organizacionales para llevar adelante iniciativas de mercado, estando en realidad más capacitadas para operar emprendimientos sociales direccionados a sectores de bajos recursos (SBI), apoyadas por el sector público y los fondos provenientes de donaciones. De todos modos, algunos casos demuestran que las ONGs pueden desarrollar por sí mismas iniciativas de mercado, alcanzando propósitos sociales a la vez que generando valor social para los pobres.
En este número de ReVista, la mayoría de los casos están basados en experiencias de empresas, en donde las organizaciones de la comunidad son parte de su ecosistema, sea como organizaciones puente que facilitan alcanzar clientes SBI, como organizadores de personas de bajos recursos que los proveen de elementos críticos –por ejemplo, materia prima, técnicas tradicionales o know how-, o como miembros de redes de distribución.
De cualquier manera, mientras las presiones para diversificar las fuentes de ingreso se incrementan, las organizaciones de la sociedad civil también han buscado formas para proveer servicios y vender productos en el mercado, lo que ha sido etiquetado como “estrategias de desarrollo de ingresos” (earned income strategies). Las ONGs latinoamericanas, con excepción de aquellas trabajando sobre educación formal y servicios de salud, tradicionalmente han descansado en donaciones de dinero, tiempo o contribuciones en especies, subsidios o contratos como fuentes principales de financiamiento para sus operaciones. Aunque ha habido excepciones en el pasado a aquella generalización, hoy las ONGs están aplicando crecientemente earned income strategies para financiar sus actividades. La mayoría de ellas, de todos modos, utilizan estrategias que no están relacionadas a su misión social ni se hallan alineadas con sus métodos de intervención social. Aquí, nos enfocamos en lo que es todavía un grupo minoritario de ONGs que desarrollan earned income strategies, ergo, iniciativas basadas en el mercado, estrategias que a su vez están relacionadas o alineadas con las respectivas misiones sociales.
Las ONGs pueden involucrarse en actividades basadas en el mercado como una manera de perseguir su misión social a través de facilitar el acceso de las poblaciones que son su foco a bienes y servicios, para, así, mejorar su calidad de vida. Esta estrategia es ilustrada por uno de los casos previos de SEKN en El Salvador, el de Acosama, que proveía de servicios de agua a los pobres, aplicando un modelo de pago de derechos por prestación de servicio (fee-for-service). En la mayoría de los casos, los SBI son el foco exclusivo de los bienes y servicios provistos por las ONGs, aunque en otros la base de clientes también se puede componer por miembros de la clase media. Si se mira un campo diferente, las ONGs han sido actores fundamentales en el desarrollo de operaciones de microcrédito que dan acceso al financiamiento de los SBI en diversas partes del mundo, cobrando intereses por los préstamos provistos. Otro de los casos anteriormente estudiados por SEKN, Fundación Pro Vivienda Social, ofrecía microcréditos para el mejoramiento de los hogares en las afueras de Buenos Aires, ayudando a 5.500 familias en cinco años, hasta que la crisis de 2001-2002 en la Argentina forzó a la Fundación a interrumpir esa línea de trabajo y enfocarse en el desarrollo local.
En otras situaciones, las ONGs desarrollaron iniciativas de mercado que no apuntaban a SBI como clientes o consumidores. Más aun, involucraron a los SBI en sus operaciones como parte de su estrategia de intervención, proveyendo empleo a o -desarrollando habilidades laborales para- gente que había sido excluida del mercado de trabajo. Por ejemplo, ONGs trabajando con quienes habían sido chicos de la calle suelen desarrollar pequeños negocios como panaderías o pequeños almacenes. Los jóvenes reciben oportunidades para incorporar ciertas capacidades laborales, desempeñándose como pasantes o trabajadores. De igual modo, organizaciones trabajando con personas sin techo han puesto en marcha periódicos que son vendidos por sus clientes como una forma de reconectarlos con el mundo del trabajo, generándoles al mismo tiempo un ingreso obtenido dignamente.
La Fageda, una de las ONGs actualmente bajo estudio por SEKN en España, muestra cómo una organización puede involucrar a los enfermos mentales en procesos productivos como la producción de yogurt, dándoles la oportunidad de generar ingresos y, paralelamente, lograr otros objetivos socialmente valorados, como son el sentido de pertenencia a una comunidad, el desarrollo de hábitos laborales y la satisfacción por la autorrealización a través del trabajo. Además de los casos citados anteriormente en ReVista, el Programa Ropa Amiga en España ilustra este abordaje. Estos ejemplos se pueden considerar como estrategias de generación de ingresos que están entrelazadas con sus estrategias sociales. Dicho enfoque puede resultar familiar a un lector de los EE.UU. que haya escuchado sobre Goodwill Industries.
De todos modos, las ONGs pueden desarrollar iniciativas de mercado como parte de earned income strategies desligadas de su misión social, pero el mercado alcanzado por dichas operaciones puede ser total o parcialmente de SBI. Por ejemplo, varias instituciones sociales asistiendo a diferentes grupos beneficiarios comercializan en sus tiendas vestimentas, muebles y equipamiento hogareño de segunda mano, emprendimientos que son muy exitosos como fuentes de ingreso para financiar sus actividades sociales centrales tales como, por ejemplo, capacitación laboral, asesoramiento, asistencia económica y provisión de servicios de salud. En cualquier caso, los clientes de estas tiendas suelen ser miembros de SBI, que encuentran allí ropa y otros artículos para el hogar a precios muy bajos. Uno de los casos actualmente bajo estudio por SEKN es el Ejército de Salvación en Buenos Aires, que a través del Escudo Rojo opera una muy exitosa tienda de vestimenta, electrodomésticos y muebles usados obteniendo fondos que a su vez cubren una porción muy significativa del presupuesto anual del Ejército de Salvación. Este tipo de iniciativas pueden verse como intentos de subsidiar cruzadamente otras operaciones de la ONG que están direccionadas a otros grupos sociales. Pero una mirada más atenta indica que pueden generar valor social simultáneo, ayudando a los pobres a tener acceso a productos que mejoran sus condiciones de vida -aunque como consecuencia positiva no buscada de la acción de la ONG-.
Estos y muchos otros ejemplos ilustran que el supuesto común sobre la aparente tensión entre misión social y resultados económicos no siempre es correcto. Muchas ONGs que prestan servicio a los SBI se las han ingeniado para resolver esta aparente tensión.
Una investigación anterior de SEKN sobre la gestión de prácticas de iniciativas sociales exitosas sugiere que trabajar simultáneamente en alcanzar los objetivos de la misión y la sustentabilidad económica tiende a generar algunos “efectos virtuosos” para las ONGs. Entre los mencionados efectos, dicha investigación identificó mediciones más estrictas y más disciplina en el reporte de resultados, mayor autonomía de los donantes, mayor escala de operaciones y por consiguiente mayor impacto social, más fuerte posición financiera y mayor capacidad organizacional (Effective Management, Ch. 10).
En esta investigación previa, dichos efectos fueron observados en ONGs operando en mercados competitivos que no se enfocan hacia los SBI. Los beneficios observados en esas ONGs no pueden necesariamente extrapolarse a aquellas operando en contextos diferentes. Las ONGs, analizadas en la actualidad, que ofrecen bienes y servicios a SBI o que incluyen a SBI u otros grupos sociales excluidos como proveedores, distribuidores o trabajadores, muchas veces emergen y formulan sus abordajes en respuesta a fallas de mercado. Así, resta verse si los mismos beneficios observados en la anterior investigación pueden ser logrados por ONGs operando en este tipo de situación, en donde los mercados todavía no actúan, o donde las ONGs están creando, facilitando o estimulando la operación de los mercados.
Un conjunto de cuestiones deben ser tratadas por las ONGs para hacer posible que los mecanismos de mercado beneficien a los SBI. Deben revisar tanto sus presunciones básicas como sus principios operativos. Fijar precios a los servicios que proveen a los pobres usando criterios económicos y de marketing es usualmente considerado por las ONGs como “vender el alma al diablo”. La cultura de abastecer de bienes y servicios gratuitamente o con márgenes menores a los de mercado está fuertemente establecida en el sector sin fines de lucro. Comprender que se puede contribuir a la efectividad de la misión al hacer pagar precios justos y accesibles a consumidores pobres o clientes representa un cambio paradigmático para muchos. Las ONGs que alcanzan sostenibilidad económica a través de actividades asentadas en el mercado obtienen recursos financieros para obtener sus propósitos sociales. Además, este tipo de iniciativa que aplica mecanismos de mercado puede también enriquecer los métodos sociales de la ONG, contribuyendo a la mejora o transformación de oportunidades, capacidades, recursos o bienestar de los SBI y otros grupos socialmente excluidos. Al mismo tiempo, articulando los métodos sociales con la generación de valor económico, aquéllos tradicionalmente considerados beneficiarios de los programas sociales adquieren un rol activo en sus iniciativas sociales. Finalmente, este proceso genera otro tipo de beneficios intangibles para ellos y para la sociedad toda.
Así, para lograr el éxito en la obtención tanto de la sustentabilidad financiera como de las metas de la misión social, se requiere que las ONGs se comprometan en un conjunto de tareas. Primero, necesitan generar consenso sobre la importancia de entender e incorporar principios y criterios administrativos y económicos como parte de sus procesos de toma de decisiones. Segundo, deben fortalecer y profesionalizar el equipo gerencial y operacional a través de la adquisición de habilidades técnicas necesarias para identificar oportunidades, con el objetivo de desarrollar e implementar iniciativas con base en el mercado que incluyan a los pobres como parte de la proposición de valor económico de la organización. Tercero, tienen que examinar si los métodos sociales que están en la base de sus estrategias de intervención pueden crear un rol para los pobres como trabajadores, proveedores o distribuidores, generando nuevas formas de impacto social. Cuarto, deben considerar cómo incorporar estos abordajes, no como capitulación frente al mundo económico o de los negocios, sino como medios para fortalecer la capacidad para alcanzar su misión social.
Organizaciones No Gubernamentales (ONGs) a través de toda América Latina están desarrollando iniciativas de mercado, proveyendo micropréstamos e involucrando a Sectores de Bajos Recursos en procesos productivos.
Para lograr que iniciativas que aprovechan mecanismos de mercado beneficien a los pobres, las ONGs deben revisar tanto sus premisas básicas como sus principios operativos.
Gabriel Berger es Profesor en el Departamento de Administración en la Universidad de San Andrés en Buenos Aires, Argentina, donde enseña sobre la gestión de organizaciones con propósitos sociales y Responsabilidad Social Empresaria, y dirige el Posgrado en Organizaciones Sin Fines de Lucro.
Gabriel Berger is a professor in the Department of Administration at Universidad de San Andrés where he teaches on management of social purpose organizations and corporate social responsibility, and directs the Graduate Program in Nonprofit Organizations.